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jueves, noviembre 14, 2013

El tocino con la velocidad

Soy ateo y liberal.

Sí, soy ateo y en general me causan repulsión las ideas transmitidas por casi cualquier religión; las encuentro hipócritas, arcaicas y dañinas.

Y, sin embargo, no estoy de acuerdo con el aborto. Déjenme que me explique: no estoy de acuerdo con el aborto libre sin restricciones, como se promueve en mucho de los países occidentales bajo una falsa etiqueta de liberalismo y progresismo. Y la cuestión no tiene nada que ver con el tema religioso, mi argumento va bastante más allá.

sábado, diciembre 11, 2010

Ir en contra de tus principios

A pesar de que pueda parecer lo contrario, yo no soy demasiado exigente con el ser humano: una de las pocas cosas que de verdad pido es, ante todo, coherencia. Me parece que la coherencia interna entre los hechos, pensamientos y formas de vida de una persona son fundamentales para que esa persona se pueda considerar digna de respeto. Por supuesto que muchas veces en la vida, por un motivo o por otro, se pierde ligeramente el camino, pero debe existir cierto marco, cierto concepto general en el que, creo, tenemos casi la obligación de ser coherentes. Esto si queremos ser medianamente maduros y lógicos, claro.

Por eso me causa mucha gracia, pero mucha, cuando un montón de gente que se llena la boca hablando de cosas tan bonitas como la libertad, la independencia y demás conceptos idílicos se pisa tan sonoramente a sí mismo. El caso que mejor refleja esta situación ahora mismo, según mi opinión, es el tema de Wikileaks: un día un señor se levanta de la cama y empieza a publicar, de forma indiscriminada y con una clara intención dañina, documentos confidenciales que pertenecen a un pueblo. No a un gobierno, no: a un pueblo. Documentos que, más allá de secretos importantísimos, contienen información que pone en riesgo, incluso, la vida de muchas personas. Y la gente, alrededor del mundo, lo aplaude.

Como dirían Les Luthiers, "analicemos la frase". Usted imagínese que se levanta una mañana y un señor muy gracioso ha publicado en el periódico local sus cuentas bancarias, sus contraseñas, sus conversaciones con su señora por la noche, la localización exacta de sus hijos y demás información delicada, en pos de la "libertad de expresión", alegando que sus conocidos "tienen el derecho a conocer esa información". ¿Qué le parecería esa situación? Creo que la respuesta es más que obvia. Bueno, entonces entendamos una cosa de una vez por todas: un país es como una familia, sólo que más grande.

No entiendo cómo este concepto tan simple, que puede entender hasta un niño de cinco años, es tan complicado de asimilar para tantos "gurús" de la información y la libertad que andan dando vueltas por ahí. Un pueblo, representado por su gobierno, tiene el derecho ... no, perdón, tiene el DEBER de mantener cierta información bajo la etiqueta de confidencial, a fin de poder manejar un sistema tan complicado como es una nación. Creo que este es un hecho tan obvio que, a riesgo de que alguien se ofenda, se puede decir que quien piense lo contrario no entiende en absoluto el funcionamiento de una sociedad. Es la esencia misma del ser humano, y el tema no merece más discusión.

Y entonces, cuando algo tan claro como eso aparece en el camino, surgen los ejemplos con los que empecé este texto: aquellas personas que piden la libertad a los cuatro vientos, y sin embargo apoyan un acto criminal como es el de Wikileaks, que se salta a la torera ni más ni menos que la libertad de 350 millones de personas de decidir qué asuntos internos se publican y cuales no. Tócate los cojones, mariloli. Y todo esto en pos de la "libertad de expresión", a lo que yo me pregunto: ¿libertad de expresión de quién?¿Del señor Assange?

Creo que alguien alguna vez dijo (y si no, lo digo yo) que no hay nada peor que una "libertad" mal entendida. No seamos necios, no caigamos en el facilismo de las masas y el pensamiento aborregado, razonemos por un segundo aplicando el sentido común, en lugar de abrir la boca sin saber siquiera de lo que estamos hablando. Toda libertad conlleva implícitamente una responsabilidad: una vez más, no confundamos la libertad con el libertinaje.

martes, mayo 25, 2010

Conquistar el mundo …

Ayer, en una de mis lecturas matutinas, me topé con un artículo titulado “Los amos del mundo”, que trataba, de forma supuestamente seria, sobre el poco conocido Grupo Bilderberg: un grupo de personas con puestos muy influyentes en el mundo contemporáneo que se reúnen anualmente para tratar temas de actualidad política, social, económica, etcétera.

Leyendo el tenor del artículo, y de la gran mayoría de los comentarios, me empecé a reír sólo sin poder parar. Personalmente, siempre me fascinaron las historias de secretismo, exclusividad y poder. Pero creo que la gente es demasiado cómoda. Permítanme que les explique este aparente sinsentido.

Al público, en general, le encanta encontrar siempre algo o alguien sobre quien delegar, sobre quien verter responsabilidad. Hace no mucho leí que delegar es eso mismo: el invento de la “tercerización de la culpa”. Y la gente, de manera individual y de manera social, necesita “tercerizar” la culpa. Todas estas versiones de grupos secretos que controlan el mundo, de entes formados por “poderosos” que determinan la vida y acción de las sociedades y personas son tan viejas como el propio ser humano, así como, de forma paralela, lo es la religión, con exactamente el mismo propósito: quitar responsabilidad de los hombros de las personas, hacer que la vida sea más llevadera y no asumir, en definitiva, la carga y consecuencias de las acciones que ejecutamos cada día.

Claro que siempre me causa gracia encontrar un artículo, de periódicos supuestamente serios y respetados, donde se pretende dar legitimidad a rumores y habladurías repartidas por el mundo. El Grupo Bilderberg existe, sí, y tiene un carácter de “perfil bajo”, también, pero de ahí a asumir que estos son los amos del mundo que controlan todo lo que ocurre en el planeta, hay un salto lógico imposible de cruzar. En uno de los párrafos, incluso, se llegaba a afirmar indirectamente que fue “el Grupo” el que puso a Bill Clinton y George Bush de presidentes de los Estados Unidos.

Como dirían los más grandes filósofos del siglo XX (Les Luthiers): “señoooooora”, no caigamos en el facilismo de creer que la voluntad de 50 personas puede más que la de 300 millones. No caigamos en la trampa del cuento del lobo feroz, de la historieta del poderoso y los pobrecitos inocentes que no se enteran de nada. El ser humano del siglo XXI es un homo informationis (si se me permite la aberración): es una persona educada, conocedora, con la capacidad suficiente para investigar, aprender y actuar ante los diferentes desafíos y encrucijadas de la vida moderna, sean estos políticos, sociales, científicos o de cualquier otra índole.

No caigamos, en definitiva, en el atontamiento de la vida paternalista que nos pretende hacer creer que no estamos capacitados para tomar decisiones. Somos capaces, formados y conscientes: si nos dejamos convencer de que los “grupos de poder” son los que tienen el timón de nuestra vida, estaremos cayendo en el más pueril de los errores.

Seamos responsables, por tanto, por nuestras acciones. La vida no es de color de rosa y, aunque parezca increíble, tanto a Bush como a Zapatero los ha puesto en el poder su propio pueblo, por medio del más básico acto social: el voto. No es, como dice el dicho, que cada país tiene el gobierno que se merece, no: cada país tiene el gobierno que ha elegido.

Basta de quejas y excusas. Aceptemos, de una vez por todas, la responsabilidad de nuestras acciones. Y aprendamos a convivir con sus consecuencias.

martes, junio 27, 2006

España: país tercermundista

A pesar de que residí 15 años en España, hoy en día vivo en Argentina. Lo considero, por sus formas, sus métodos y la actitud de su gente en general, un país del tercer mundo. Por estos días estoy (estamos todos) acudiendo con asombro y pavor a la España tercermundista. Una España donde, al igual que en la Argentina, cualquiera puede agredir, insultar y vejar a otro de manera absolutamente impune. El Gobierno, que de por sí debe perseguir este tipo de hechos para preservar la paz social, no sólo no lo hace, sino que los alienta y los ampara. Una España donde se censura a la oposición y se calumnia desde el puesto presidencial. Una España donde los terroristas están en el Gobierno (al igual que en la Argentina), dinamitando la sociedad desde dentro y entregando al país a su inminente desaparición. Una España, en definitiva, en extinción, tal y como la conocemos.

No seamos ilusos: no esperemos que con la negociación con ETA se vaya a pagar un precio político. Ese precio YA ESTÁ PAGADO. Está saldado en la creación de nuevos países (decir “realidad nacional” o “país” es sólo cuestión de semántica) absolutamente inventados dentro del territorio nacional, basados en el odio nacionalista hacia lo que consideran ajeno a su identidad; sin darse cuenta de que tanto Cataluña como Andalucía o el País Vasco llevan siendo españolas por más de 500 años y nunca fueron autónomas. Ese precio se refleja en la dudosa explicación de los atentados del 11-M, donde la connivencia del partido socialista para con los terroristas es evidente para más de uno (sí, lo que estoy diciendo es que el PSOE participó, directa o indirectamente, de manera activa encubriendo los hechos, en los atentados). Ese precio se pone de manifiesto, en definitiva, en la degradación TOTAL y ABSOLUTA de la vida social española.

Algunos me dirán que soy demasiado extremista, pero me resulta en extremo doloroso asistir al desplome de una sociedad sin que sus integrantes hagan nada al respecto. Lo que está ocurriendo en España desde hace dos años a esta parte es MUY GRAVE, pero nadie reacciona, ni siquiera el partido de la oposición, que sigue dejando hacer a un Gobierno que es un calco exacto de la Rusia bolchevique del año 1917.

Es por eso que yo, uniéndome al presidente de la AVT, llamo a la rebelión cívica. No confundir: no propongo ninguna acción violenta; planteo la posibilidad de que el pueblo español tome las riendas (que le pertenecen) de su propio destino, mediante todas las armas que las leyes y la Constitución le otorgan. Ya es hora de frenar la barbarie y la destrucción social que se avecina. Es ahora o nunca, y el precio a pagar es demasiado alto. Como bien dijo en alguna ocasión el filósofo inglés Edmund Burke: “Para la victoria del mal, lo único que hace falta es que los hombres buenos no hagan nada”.

lunes, abril 10, 2006

La victoria del arcaísmo ideológico

Presenciamos por estos días la derogación de la famosa Ley del Primer Empleo del gobierno francés. Y es entonces cuando sobreviene la pregunta fatídica: ¿realmente esta medida es lo mejor para la sociedad francesa?

Durante los últimos años somos testigos de un paulatino crecimiento (resurgimiento, mejor dicho) de ideologías que, al menos yo, creía sepultadas en las huestes del olvido debido principalmente a dos motivos: su abandono por parte del Occidente moderno, y su repetidas veces demostrada ineficacia económico-social. Ejemplos de este renaissance son casi todas los gobiernos sudamericanos (excluyendo Chile, y pasando desde la demagogia democrática de Kirchner hasta la dictadura encubierta de Chávez) y, por difícil que cueste creerlo, países como España o Francia.

De la primera no hay mucho que descubrir: es evidente el alineamiento político e ideológico que ha llevado a cabo Zapatero con las llamadas políticas “setentistas”. De la segunda, tenemos una muestra irrefutable con la derogación del CPE y la rendición del gobierno ante hordas de estudiantes que dicen “exigir sus derechos” con palos y violencia.

Ahora bien, analicemos un poco la situación. Estos estudiantes (muy diferentes, por cierto, de aquellos de Mayo del 68; por si a alguno lo ha tentado la comparación) demandan la anulación de una ley que fue creada, expresamente, para agilizar el mercado laboral y facilitar la contratación. Ya todos conocemos las “barbaridades” del despido sin justificación, etc. Pongámonos ahora del otro lado del tablero; veamos qué es lo que quiere entonces un estudiante francés: por deducción, lo que se pide es tener un trabajo estable con contrato indefinido recién habiendo salido de la universidad y que no exista la posibilidad del despido injustificado. Claro, ¿por qué no? Y también podrían tener un sueldo de 5000 euros con su primer trabajo; total por pedir … que no quede.

No seamos irrealistas: no existe ninguna economía moderna que pueda asegurar eso a ninguna persona que sale de la facultad con un título recién conseguido bajo el brazo. Cuando no hay trabajo, no se puede crear de la nada y, menos aún, intimar a las empresas a contratar gente de manera forzosa.

Me remito, entonces, a las bases del liberalismo más puro: ¿qué es mejor, señor estudiante, no tener ningún trabajo en absoluto y no tener la posibilidad siquiera de conseguirlo, o tener un trabajo que dure un año (o dos, o más) por más que sea a riesgo de que después de este periodo pueda ser despedido?

Aquí es donde se hace más patente la falla de las vetustas ideologías de izquierdas que sustentan los estudiantes franceses. A esta altura de la Historia donde, supuestamente, hemos aprendido de nuestros errores, no podemos estar esperando un estado completamente paternalista que nos brinde absolutamente todo sin nosotros mover un dedo; no podemos esperar una economía inmóvil que brinde trabajo estable a absolutamente todas las personas que tengan un título. Por supuesto que se tiende a eso: es un ideal de sociedad; pero la realidad es, siempre, diferente.

Creo firmemente que las protestas generadas por esta ley tienen su origen en dos desgraciadas situaciones: la ignorancia (y, en cierto grado, un poquito de solidaridad estúpida) y la regresión de los jóvenes, principalmente, a los reclamos de ideologías pseudo social-marxistas. Como bien dijo el Rector de la Sorbona: “Son jóvenes de 20 años que parecen de 65”.

Me apena ver cómo Europa, cuna del liberalismo que es base de casi todas las democracias y economías modernas, sufre una regresión que no será más que perjudicial. Cuidado, estamos acudiendo a una victoria más del arcaísmo ideológico.

viernes, febrero 10, 2006

Sobre la intolerancia

Aquellos que me conocen, que no son muchos, saben que soy una persona por demás tolerante. No tengo ningún problema con gente de otras culturas, otras preferencias sexuales, otras religiones, etc; es más, muchas veces intento que las personas (al menos aquellas con las que me rodeo) sepan apreciar a la gente por lo que es y no por etiquetas preestablecidas. Pero la verdad es que ciertos acontecimientos recientes merecen una revisión más profunda que el mero comentario de sobremesa, al menos así lo creo yo, y es por eso por lo que me gustaría que sepan mi opinión al respecto.

Hace más de una semana atrás aparecieron en un periódico danés unas caricaturas del profeta islámico Mahoma, representado en diferentes situaciones, algunas de ellas, a mi entender, ofensivas para la religión y cultura musulmana. Es entendible, por tanto (y sabiendo que la representación del profeta Mahoma está prohibida en la religión musulmana), que las personas pertenecientes a este culto se digan ofendidas y sientan que merecen una reparación: es lo que cualquier persona requeriría ante esta situación. Esto es un hecho.

Ahora bien, que la respuesta ante estas caricaturas no sea un conflicto diplomático entre países solicitando una disculpa, sino que se base en la amenaza, la muerte y la intimidación me parece que excede los límites de la paciencia de cualquiera. Estoy deacuerdo con algunos medios en que la difusión de estos dibujos constituye una ofensa gratuita y hasta una provocación. Pero la respuesta de los países de origen musulmán es siempre la misma: el extremismo, el terror y la incivilización. Y esta vez no se puede decir que es simplemente "un grupo aislado", que "no tachemos a todos los musulmanes bajo el mismo adjetivo" porque esta vez (y, no sé por qué, sospecho que muchas anteriores también ha sido así) son la gran mayoría de los pueblos y habitantes musulmanes los que amenazan y utilizan el terror como medio de comunicación.

Como alguna vez comenté, el pueblo musulmán no puede, como de hecho lo hace, entrar en Occidente (ya sea Norteamérica o, sobre todo, Europa), alimentarse, educarse y trabajar con y de su gente y además pretender dictar las normas a seguir a base de intimidación. Está quedando cada vez más patente que la integración es algo que está muy lejos del ideario musulmán, se confirma día a día. Desde luego que no por eso se pueden excusar algunas prácticas de países occidentales del mismo tenor. Pero, siendo cada vez más evidente que el islamismo y Occidente son totalmente incompatibles y dificilmente (por no decir imposiblemente) conciliables, se debe adoptar una solución de dos: o cada uno se queda en su casa y vive como mejor le parezca y no molesta al otro, o el que está de invitado en la casa del otro se adapta a la situación.

Por supuesto que surgirá, en un momento u otro (hoy en día está muy de moda entre el "normal" de la gente), el tema de Estados Unidos y sus "invasiones" a países árabes. Para vosotros, oh inocentes míos, que esgrimáis este argumento del "demonio americano", tengo una noticia: todos los países del planeta son iguales. Porque claro que nadie se acuerda de las matanzas de Francia en África Central, o el desastre de Inglaterra en la India, o de las atrocidades contínuas (desde hace cientos de años hasta hoy en día) de los mismos pueblos árabes para con su propia gente y los demás, o del atropello constante de Israel. No, de todo esto nadie se acuerda ... ¿saben por qué? Por una simple y más que mundana razón: porque no vende. Lo que vende hoy en día es atacar a Estados Unidos; es muy "chic" ser un rebelde antiamericano, eso sí, mejor no hablemos de nuestros propios trapos sucios ... porque resulta que todos en este planeta son unos santos, menos esos terribles americanos. Fucking idiots!

Pero bueno, dejaré de lado el cliché barato y me centraré en la conclusión de este texto. Europa, así como Occidente, no puede ceder ante la intimidación y el gobierno de lo irracional. No es admisible que unas caricaturas -porque, al fin y al cabo, son unas simples caricaturas- produzcan no sólo altercados, sino decenas de muertes, amenazas explícitas (hoy el líder de la Jihad dijo que si no hay una disculpa, "la tierra arderá") y la dictadura del terror. No se puede permitir que un papel cueste la vida a, siquiera, una sola persona.

Como bien dijo Jorge Drexler (en una maravillosa canción llamada "Milonga del Moro Judío", que les aconsejo fervientemente escuchen): "... no hay una piedra en el mundo que valga lo que una vida ..."